Así como dice
la canción de Fito Páez
En tiempos
egoístas y mezquinos
En tiempos
donde siempre estamos solos
Habrá que
declararse incompetente
En todas las
materias del mercado
Son bastante
dicientes las palabras, no solo por el hecho de que podemos clasificarla el
mundo con ellas, si no, porque nos ayudan a representar sentimientos y
pasiones, alrededor de temas tan fútiles como nosotros mismos, como la vida
misma.
El tiempo
egoísta que vivimos todos y todas, no tiene que ver con la solidaridad, con la
unión, la comprensión hacia una idea de colectividad mal lograda, como lo ha
sido la nuestra, la nación colombiana. Hablo del tiempo que ya no es tiempo
porque se ha ido, y parece que se seguirá yendo, si no nos damos el tiempo para
volver a nosotros mismos.
La noción de
tiempo es un poco abstracta en estos momentos, pero, ¿podemos medirla?
…
Claro que
podemos. El tiempo se mide, o se representa mas bien con un reloj, donde las
manecillas marcan los minutos y los segundos, donde podemos decir cuando es de
día y cuando es de noche; un calendario, que sirve para tener control, en apariencia,
sobre nuestra vida cotidiana, tan ajetreada, y a veces tan imperceptible que se
va con tan solo un chasquido de dedos.
Podemos darnos
cuenta del tiempo en la medida en que un objeto va cambiando su forma, su
aspecto. Con el pasar de los días y las noches, del control -en apariencia- de
la vida, los objetos por si solos, y en relación con lo externo, cambian. Esa
es su naturaleza, el cambio.
Tal parece ser,
que el ser humano ha quedado estancado en el tiempo, o en algo que ya no se
puede llamar tiempo porque parece nunca haber existido. Me refiero, al tiempo
que no se mide, que es el tiempo de las experiencias.
Podríamos
decir, igualmente que, las experiencias si son posibles de ser atravesadas por
el tiempo… Al tomar una foto instantánea, automáticamente la máquina…
efectivamente, la máquina para congelar el tiempo, pero también para congelar aquello
a lo que la experiencia, no puede pertenecer nunca mas a la existencia fugaz.
Es en esa
relación que hay entre el acto de congelar, de controlar el tiempo, que el ser
humano pierde de vista la experiencia. No vive en el momento presente, vive
para controlar el momento, que no tiene ni presente, ni futuro, ni un pasado. Y
no lo tendrá jamás, si la vida se trata de acumular y acumular momentos
estáticos, envés, de conservar y acoger aquello que nos hace vivir los
momentos, y es, el ahora, el caos de la vida.
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